La piedra en el charco
Abril 26, 2008
Este relato me lo leí en rebelión hace mucho tiempo, hoy me lo encontré por casualidad y me volvió a causar esa sensible sensación de melancólica por vulnerabilidad humana. He decidido promocionarlo y compartirlo.
La historia es simple.
Un militar retirado tiene una hija de profundos ojos celestes. El militar retirado se llama Fermín y su hija: Ella.
Ella va a un colegio de curas agustinos y aquí es donde empieza la historia “simple”.
Yo voy al mismo colegio pero hay una diferencia, nunca creí en Dios. ¿Ella sí?
Cuando la vi, sus ojos estaban inflamados de inocencia. Calmos. Secos. Hostiles. Después de casi quince años los recuerdo tan nítidos y escalofriantes como en aquél momento.
Ella usaba una pollera gris por arriba de las rodillas y sus pechos son amplios y casi perfectos.
Nos besamos, muchos meses después en la casa de su hermana. Pero como dije: la historia es simple.
Ella quedó embarazada y la sutileza del amor se transformó en odio. Yo pensaba que hacer el amor era más simple que mi historia, pero el descuido nos costó una vida.
Ella abortó y no la acompañé. Esto no implicó un rechazo ante la decisión, sino una de mis primeras estupideces. Esa tarde preferí rendir un examen de biología. Pero, repito, la historia es simple y aquí no cuido las palabras y las reglas del lenguaje. No me interesa. Nada me duele más que un pasado inmodificable. Pero a quién le pueden interesar éstas boberías. Sólo al diablo y a las botellas.
Ella me llamó por teléfono y dijo que tenía miedo. Después fue al baño, goteaba sangre con restos de piel. Disimuló ante la familia, sonrió a quien tuvo que sonreír. Pero cada gesto abría una herida irreparable. Ésa noche durmió abrazada a su almohada. Leer el resto de esta entrada »